El estrés puede ser negativo (toxico cuando no es bien administrado) o positivo y beneficioso (hasta cierto nivel es necesario e importante en la vida). El estrés negativo o tóxico afecta a lo externo, en las relaciones laborales y la productividad en las empresas, además de las relaciones sociales y familiares. También afecta a lo interno del individuo en lo concerniente a la salud física y mental. El estrés beneficioso o positivo se produce cuando el nivel de cortisol es bajo o moderado y funciona como un combustible biológico para el metabolismo, además que ayuda a regular el sistema inmunológico del cuerpo. Las causales laborales e individuales del estrés son variadas y se mencionan las principales a continuación: 1) Cambios de los sitios en el trabajo u oficina, 2) Clima laboral tenso y poco saludable, 3) Intereses individuales y contagio emocional, 4) Carga de trabajo excesiva, 5) Salarios bajísimos o disminución de la remuneración, 6) Tareas nuevas o cambio de equipo, 7) Supervisores o jefes con estilo gerenciales muy poco empáticos, mediocres o con serios conflictos de identidad, 8) Situaciones o relaciones interpersonales y/o familiares conflictivas, 9) Accidentes personales o laborales, 10) Desastres naturales, 11) Crisis financiera personal, 12) Crisis social, económica y/o política en el entorno nacional e internacional y 13) Combinación de causales antes mencionadas.
Bajo estrés o presión las glándulas suprarrenales liberan cortisol (hormona que el cuerpo humano emplea para emergencias o situaciones de peligro) que incluye muchas otras, que son útiles en el corto plazo (curar heridas más rápidamente o responder a la demanda del exterior). Sin embargo cuando los niveles de cortisol permanecen elevados y por periodos prolongados, el precio que se paga es con el deterioro de la salud, se ha confirmado a través de las investigaciones pertinentes, que la secreción prolongada o crónica del cortisol y demás hormonas similares generan una afectación directa en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, disminución de las funciones adecuadas del sistema inmunológico, exacerba la diabetes, la hipertensión y destruye neuronas en el hipocampo cerebral, afectando la memoria. El aumento de cortisol obstruye la capacidad de raciocinio debido a que afecta aéreas claves o estratégicas de la corteza pre-frontal cerebral que regulan las señales de temor o miedos. En otras palabras demasiado cortisol afecta e impacta en el cerebro en tres de sus partes: 1) El Hipocampo, 2) El circuito de la Amígdala se descontrola y 3) E área pre-frontal, generando en condiciones de estado de alerta o vigilancia y reacción extrema lo que se conoce como Desorden de Estrés Post-traumático (DEPT).
El estrés presenta al menos tres fases: 1) El estado de Alerta o de reacción de alarma, 2) Estado de Resistencia y 3) Fase de Agotamiento o Fatiga. Las dos últimas fases del estrés son las más riesgosas y peligrosas debido a que en estas fases se presenta el estrés agudo o crónico del cual se derivan los trastornos de la salud como: ulcera por estrés, estados depresivos severos o de shock, neurosis severa, gastritis, insomnio, colitis nerviosa, migraña, agresividad, trastornos sexuales, hipertensión arterial, infarto al miocardio, adicciones, trombosis cerebral, psicosis severas, etc. en dependencia del metabolismo u organismo de cada persona. Como se puede inferir, el estrés es vinculante con la salud y los sistemas biológicos claves afectados son: El Sistema Nervioso Simpático (SNS) y el eje de la Hipófisis-Hipotálamo-Suprarrenal (HHS). Por ejemplo cuando se presenta una situación de emergencia, amenaza o peligro, el SNS y el eje HHS asumen el reto y segregan hormonas que preparan para el enfrentamiento y toman recursos del sistema inmunológico y otros, que debilitan a estos sistemas claves para la buena salud, por un periodo de tiempo o a veces por años. Los sistemas SNS y HHS se activan o desactivan dependiendo del estado emocional del individuo que puede ser influenciado por otras personas (estrés para mal, alegrías para bien) a través del contagio emocional.
Una de las resultantes del estrés es la preocupación, la que puede ser positiva (beneficiosa) o negativa (tóxica), esta última surge de un riesgo o peligro imaginario, por ejemplo, derivado de la especulación o falta de información, anticipando situaciones peligrosas que muy probablemente no sucedan. En el caso de la preocupación positiva, surge de una situación concreta o específica, en la cual funciona para generar o proporcionar la energía y poder enfrentar o abordar la situación, evaluando y preparando posibles soluciones para anticipar la realidad. En el caso de la preocupación positiva opera y funciona la VICCOR (Vía Cerebral Consciente Racional1). En lo concerniente a la preocupación negativa trabaja la VICIE (Vía Cerebral Inconsciente Emocional[1]), ruta que toma el control del Mando Ejecutivo Cerebral (MEC), que a mayor preocupación impide que se tomen decisiones racionales y acciones positivas que resuelva la situación presentada. Otra resultante del estrés es la ansiedad que al combinarse con altos niveles de preocupación se produce un descontrol, que frecuentemente sobredimensiona determinadas situaciones, haciéndolas sentir a las personas más vulnerables y con menos poder o capacidad, aumentando por ende la preocupación.
Convivimos con el estrés, motivo por el cual es necesario conocer y aplicar algunas técnicas para administrar y gestionar el mismo las cuales se han clasificado según el caso y enfoque, siendo estas las siguientes: 1) Técnicas Generales o Genéricas, 2) Cognitivas (cambiar la forma o enfoque de ver la situación), 3) Fisiológicas y 4) Conductuales. Por razones de espacio mencionaremos algunas de carácter general o genérico y un método que conjuga algunas cognitivas, conductuales y fisiológicas. Una de las técnicas genéricas para reducir el estrés cuando percibimos sus efectos tóxicos en nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra mente, implica, en primer lugar, ser capaz de ejercer un auto-control sobre el modo en que estamos respirando. Nuestra respiración es, de entre todas nuestras funciones corporales vitales, la única que, aparte de estar bajo el control del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), resulta paralelamente regulada por el Sistema Nervioso Central (SNC). O sea, que la función respiratoria funciona efectivamente como un mecanismo de enlace entre la actividad nerviosa involuntaria y la función nerviosa controlable conscientemente. La respiración, tiene la capacidad para variar el equilibrio de la actividad del SNS del SNA, constituye una fantástica estrategia para enfrenta el estrés agudo o crónico y aumentar nuestra capacidad de gestión del estrés, siendo una herramienta a nuestra disposición en toda ocasión estresante. Por ejemplo cuando respiramos inadecuadamente o mal se origina una tensión muscular en el diafragma, músculo ubicado debajo de los pulmones y si éste está bajo los efectos de la tensión, presiona los pulmones hacia arriba, causando una pérdida del volumen total de aire que estos pueden emplear a lo largo de cada ciclo respiratorio. A más tensión en el diafragma, mayor es el grado de opresión en los pulmones, provocando una respiración más agitada lo cual conlleva un mayor grado de tensión muscular y desgaste energético. Además, apenas con unos cuantos segundos de mantener esta forma de respiración inadecuada, la tasa cardiaca comienza a crecer en velocidad, la presión arterial aumenta y se provoca un mayor grado de gasto metabólico, iniciando el círculo pernicioso del estrés. De tal manera, que un aspecto clave del entrenamiento en la gestión y control del estrés, es aprender a respirar adecuadamente, logrando reducir la tensión del diafragma y ejercitando la respiración abdominal, logrando utilizar toda nuestra capacidad pulmonar, lo que conllevara que la respiración se haga más calmada y por lo tanto, una respiración sin tensión muscular torácica y que no acelerara nuestra tasa cardiaca, ni subirá la presión arterial.
Otras técnicas genéricas es hacer ejercicio o caminatas a pasos normales por un periodo de 20 a 30 minutos, combinado con una respiración adecuada. Para prevenir situaciones estresantes es conveniente comer de manera balanceada en calorías y con un horario establecido, ingiriendo alimentos (frutas, verduras, pescado, ensaladas, agua, fibras y pollo), que nutran los sistemas del cuerpo, bailar, escuchar música relajante y de nuestro agrado, distraerse viendo películas cómicas, etc. Un enfoque que puede ayudar a disminuir los niveles de preocupación es el de Evaluar la situación objetivamente, para después Planear las acciones positivas y Ejecutar la acción positiva o remedial que disminuya el nivel de preocupación. Evalué el problema (póngale un nombre) o situación, analizándolo de forma muy concreta, sin sesgos, honestamente, corroborando la realidad y confirmando los hechos. Planear podría parecer que es una carga adicional, sin embargo constituye una gran parte del proceso para disminuir o contrarrestar la preocupación tóxica y sustituirla por una acción eficaz. Muchas veces gran parte de la preocupación y ansiedad proviene de la forma poco estructurada de pensar y vivir, razones por la cual es muy importante estructurar el tiempo y elaborar planes para el día y la semana, priorizando las actividades o tareas según su tamaño e impacto.
Una de las actividades muy importantes a considerar en la planeación son los descansos para estirarse, ponerse de pie (si está sentado por periodos prolongados), caminar o dar pequeños paseos, respirar adecuadamente, etc. Finalmente tome acciones que estén bajo su control y alcance, las que no, olvídelo.
Otro de los aspectos para enfrentar la preocupación tóxica para disminuir el estrés, es haciendo relaciones o conexiones positivas con el objetivo de compartir con personas de nuestra confianza, familiares, amigos, etc. para reducir las percepciones o sensaciones de vulnerabilidad. Este enfoque con el EPE (Evaluar, Planear Ejecutar) ayudan a disminuir o revertir la preocupación toxica, por ende a reducir el estrés.
Frecuentemente las empresas que requieren personal o capital humano a través de anuncios en los periódicos o diarios escritos nicaragüenses, requieren entre otros requisitos que las personas “estén acostumbradas a trabajar bajo presión” lo que significa que de antemano le están informando que atentarán contra la salud del contratado a través de mantener niveles de estrés altos y prolongados. Las inferencias que se derivan de las empresas que solicitan requisitos como el antes mencionado, es que estas no programan apropiadamente sus actividades y están improvisando, cargas de trabajo excesivas, salarios bajísimos (fuera de la escala de la realidad económica del país) y son irresponsables por que están exponiendo la salud de su público interno o colaboradores, atentando contra la sostenibilidad de sí mismas.
Trabajar continuamente bajo presión, generando un estrés laboral constante, no es productivo en el mediano y largo plazo, que trabajar buscando el equilibrio, sobre todo si los equipos humanos, no tienen las habilidades para controlar el estrés, de forma adecuada.
Managua, Nicaragua, Agosto de 2011
Carlos J. Pérez Fajardo, MBA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario